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El arquitecto debe dejar claro al cliente qué abarca el servicio que le prestara para que en su caso este pueda comparar propuestas. La importancia de celebrar contratos que resguarden los intereses de ambas partes es algo fundamental y sano para la relación que se inicia con nuevos clientes.

Cabe mencionar que todos los tipos de clientes tienen un rasgo común en la expectativa respecto de la tarea que le encargan a un arquitecto. Esta expectativa suele ser aún mayor en los clientes que encomiendan el proyecto y la dirección de obra de una casa.

La razón es que, como sucede con la mayoría de los casos, posiblemente esa sea la única vez en sus vidas que recurran a los servicios de un arquitecto e incluso inviertan en ello todos sus ahorros.

El arquitecto debe tener en cuenta que el ejercicio profesional es su medio de vida y que existe una estrecha relación entre el servicio a brindar y el honorario que va a percibir.

Un pacto de honorarios que satisface al cliente y se adecua a la complejidad, envergadura y tipo del encargo que recibe el arquitecto, permite crear un ámbito favorable para cumplimiento de los objetivos que se persiguen.

Es necesario explicar al cliente que la sola mención del nombre de la prestación profesional no define su alcance, pues un anteproyecto, un proyecto o una dirección de obra pueden ser realizados con distintos grados de profundidad, detalle y dedicación. En consecuencia, es aconsejable indicarle al cliente que cuando compare propuestas de honorarios, exija una descripción a detalle del servicio profesional presupuestado. De esa manera, si compara propuestas de honorarios, conocerá la realidad de los servicios que tiene derecho a exigir y evitara sorpresas o malos entendidos.

Es recomendable que, en sus propuestas y contratos, los arquitectos detallen las tareas y prestaciones que estarán a su cargo, el tipo de encargo y el método adoptado para la formulación del honorario.

Durante las conversaciones preliminares, es frecuente que el arquitecto avance elaborando lineamientos de la propuesta arriesgando su tiempo con el objeto de analizarla viabilidad del encargo. El límite de estas acciones difícil de precisar, pero cuando el arquitecto debe realizar tareas que van más allá de opiniones o consultas verbales propósito, el arquitecto podrá cobrar los honorarios por lo echo.

Esta sugerencia se puede concretar entregando al cliente una nota con los alcances y condiciones del trabajo a ejecutar y los honorarios que le corresponderán. Es conveniente que la propuesta incluya el nombre, apellido y domicilio del arquitecto y el cliente, el objeto del encargo, monto estimado del encargo si corresponde, servicios a cargo del arquitecto, plazo de ejecución. Dicho documento, si bien no es un contrato, puede constituir una prueba del encargo recibido. Lo ideal es que el arquitecto y el cliente lo firmen. En caso contrario, se puede enviar la documentación vía correo electrónico y pedir la conformidad de lo enviado. El intercambio de emails es un medio sencillo para llevar un registro de la relación y del consentimiento del cliente sobre la encomienda.

Es importante tener en cuenta que la simplicidad de un encargo profesional, la amistad o familiaridad que puede vincular a las partes, no son razones para obviar la firma de un contrato. La gran ventaja de los contratos reside en que lo escrito permanece mientras que lo acordado informalmente puede ser mal interpretado u olvidado.

El JorgePrezas+Partners promovemos la iniciativa para la suscripción de un contrato ante cada cliente explicando las bondades compartidas de la existencia de tal documento y que el beneficio y resguardo de los intereses es para ambas partes y para el mejor desarrollo del encargo recibido.

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